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CUANDO LOS HECHOS HABLAN MÁS FUERTE QUE LOS MENSAJES: UNA LECTURA COMUNICACIONAL DEL PODER JUDICIAL

  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura

POR: HELIOS RUÍZ (México)


En las últimas semanas, el Poder Judicial de la Federación ha estado en el centro de la conversación pública no por sus resoluciones, sino por una serie de hechos que, acumulados en un corto periodo de tiempo, han generado cuestionamientos sobre su coherencia comunicacional. Camionetas blindadas, togas de alto costo, imágenes de un trato privilegiado al ministro presidente y, en paralelo, una narrativa institucional basada en la austeridad. Cada uno de estos elementos, por separado, podría explicarse. El problema surge cuando aparecen juntos, sin contexto, sin anticipación y sin una estrategia clara de comunicación.


Desde la óptica de la consultoría, no se trata de juzgar las decisiones administrativas o personales, sino de observar cómo la ausencia de un manejo comunicacional integral convierte hechos aislados en una historia completa que no siempre refleja la intención institucional. La comunicación no falla únicamente cuando se dice algo incorrecto; también falla cuando no se explica, cuando se reacciona tarde o cuando se subestima la percepción ciudadana.


Las instituciones públicas, especialmente aquellas cuya legitimidad descansa en la confianza, no pueden permitirse contradicciones narrativas. Cuando el discurso de austeridad no dialoga con las imágenes que circulan en medios y redes sociales, se genera una brecha que la ciudadanía interpreta como incongruencia. Y esa interpretación, una vez instalada, es difícil de revertir.


Otro elemento relevante es el tiempo. La sucesión rápida de episodios polémicos reduce el margen de maniobra. No hay espacio para que un mensaje se asiente cuando ya hay otro cuestionamiento encima. En ese contexto, los silencios pesan, las aclaraciones parecen defensivas y las respuestas se perciben reactivas. No porque lo sean, sino porque llegan tarde a una conversación que ya avanzó.


La experiencia demuestra que las crisis de comunicación no siempre nacen de malas decisiones, sino de decisiones que no fueron comunicadas con oportunidad, empatía y visión estratégica. En el caso del Poder Judicial, el impacto reputacional no proviene únicamente de los hechos, sino de cómo estos fueron leídos en ausencia de un relato institucional sólido.


La comunicación pública no es un accesorio del poder, es parte de su ejercicio. Y cuando no se gestiona con la misma seriedad que las funciones sustantivas, termina convirtiéndose en un factor que erosiona la credibilidad, incluso de instituciones diseñadas para ser pilares de confianza.



 
 
 

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