¿LA CRISIS DE LA DEMOCRACIA LIBERAL?

Por: Orlando Goncalves (Portugal)
Con este título, el Latinobarómetro presenta su Informe del 2026, el cual se enfoca en analizar tres décadas de evolución política en América Latina tras encuestar a 17 países de la región. Después de un periodo crítico entre 2018 y 2023, donde el apoyo a la democracia alcanzó sus niveles más bajos históricos (48%-49%), los datos recopilados para 2024-2026 indican una leve tendencia hacia la estabilización en el 52%. Sin embargo, existen diferencias significativas entre los países: mientras que Argentina (73%), Uruguay (64%), Costa Rica (63%) y Chile (63%) muestran un fuerte apoyo democrático, naciones como Guatemala (35%), Brasil (41%), Honduras (42%) y Ecuador (43%) presentan cifras alarmantemente bajas.
Se podría pensar que este cambio tiene un trasfondo ideológico, pero la verdad es que se debe a un voto pragmático e instrumental de rechazo ante el fracaso de los gobiernos tradicionales para atender las demandas de la ciudadanía. De hecho, el 73% de las personas siente que el Estado hace “poco o nada” por ellos. Hay una insatisfacción generalizada con: la educación pública (solamente un 40% de satisfacción); los hospitales públicos (28%) y el sistema judicial (22%).
Además, y quizás no menos relevante, el 78% desconfía de cómo se utilizan los impuestos. Para complementar este contexto, el 76% de los latinoamericanos no se siente representado por su parlamento, y, de igual manera, los partidos políticos son la institución en la que menos confianza se tiene (16%). Esta fragilidad, sin duda, promueve la fragmentación, el personalismo y el surgimiento de populistas.
El 52% de los ciudadanos sostiene que no les importaría un régimen no democrático, siempre y cuando este resuelva sus problemas; además, un 63% apoya la medida de “mano dura”, una respuesta impulsada por el temor al crimen organizado y a la falta de seguridad.
La percepción de la propagación de información falsa en redes sociales (78%) y televisión (68%) es predominante; se evidencia la falta de acción de los Estados para regular las granjas de bots, la inteligencia artificial y las estrategias digitales, lo que está debilitando el debate público y distorsionando los procesos electorales, sin que los líderes tomen medidas en beneficio de los ciudadanos y de la democracia.
Por otro lado, el 61% de la población se pronuncia a favor de regular la difusión de noticias falsas, lo que brinda la oportunidad de establecer marcos regulatorios éticos en el entorno digital, un hecho que los ciudadanos consideran una necesidad urgente.
Si bien las denuncias por corrupción merman la elegibilidad de los candidatos, las reformas constitucionales para reelecciones indefinidas han debilitado la alternancia, abriendo el camino para el surgimiento de autocracias o dictaduras.
Pero no todo es negativo, puesto que el 65% respalda la visión de que la democracia “puede tener problemas, pero es el mejor sistema de gobierno”. En igual sentido, el 74% sostiene que no puede haber democracia sin elecciones, lo que traduce que los ciudadanos valoran el voto como herramienta principal de soberanía para remover a malos gobernantes.
Pese a la visión crítica sobre la trayectoria de la región (solo el 35% cree que va en dirección correcta) y su país (35%); el 82% de los latinoamericanos afirma que su familia y ellos van en la dirección correcta, constituyendo un núcleo de resiliencia individual.
Por otro lado, el compromiso democrático es mayor en personas con mayor nivel educativo, lo que indica que el progreso en la escolarización regional ha fortalecido la cultura democrática con el tiempo, indicando que, el reincorporar en currículos escolares de todos los niveles materias como educación cívica y ética, aumentaría la base de quienes sentirían mayor responsabilidad y respaldo por la democracia.
Es indispensable evaluar los programas de gobierno, la integridad de los candidatos y su compromiso real con el Estado de Derecho, rechazando cualquier intento de alteración de las reglas de alternancia o debilitamiento de las instituciones; ayudaría no solo a superar el voto de mera reacción frente al descontento, sino a robustecer la democracia.
Por lo tanto, es deber de la ciudadanía verificar las fuentes antes de compartir contenidos en redes sociales y exigir a las agrupaciones políticas transparencia en sus campañas, combatiendo el uso de noticias falsas y manipulación mediática que degradan la convivencia democrática.
La democracia se fortalece no solo por la participación de los ciudadanos, sino también por la forma en que valoran el sistema a través de herramientas como la contraloría social, que permite a la ciudadanía vigilar las acciones de sus gobernantes. Además, es fundamental cómo utilizan las herramientas tecnológicas que tienen a su alcance.




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