BRASIL EN LA PRIMERA VUELTA: BOLSONARO SORPRENDIÓ Y LULA TIENE LA REELECCIÓN MUY COMPLICADA

Por: Joel Paulino (Rep. Dominicana)
Desde Copacabana, en Río de Janeiro, he tenido la oportunidad de vivir de cerca un proceso electoral brasileño que, sin exagerar, puede marcar un antes y un después en el escenario político de Brasil y generar efectos importantes en el mapa político de América Latina.
Llegué a estas elecciones como observador internacional de la Misión IAPEE BRASIL de la Asociación Internacional de Expertis Política y Electoral. Más allá de los números y de las proyecciones que durante semanas dominaron el debate público, lo que pude percibir en las calles, en los centros de votación y en las conversaciones con distintos actores políticos y ciudadanos fue una realidad mucho más compleja de la que reflejaban algunas encuestas.
Brasil dio una sorpresa.
Lo que muchos esperaban como una victoria relativamente cómoda del oficialismo terminó convirtiéndose en una contienda cerrada, con un resultado legislativo particularmente significativo y con una segunda vuelta que deja a Luiz Inácio Lula da Silva ante uno de los desafíos electorales más difíciles de su carrera reciente.
Un resultado que cambió el escenario
Las encuestas llegaban a la jornada electoral colocando a Lula por delante con una ventaja cercana a los cinco puntos. Sin embargo, el resultado de la primera vuelta produjo un escenario completamente diferente: el oficialismo no logró la victoria que muchos anticipaban y el bolsonarismo demostró una capacidad electoral mucho mayor de la prevista.
A medida que avanzaba el escrutinio y se incorporaban los votos de las distintas regiones del país, especialmente del norte y nordeste —territorios tradicionalmente favorables al Partido de los Trabajadores—, las diferencias fueron modificándose.
Pero el mensaje político ya estaba dado.
La elección no se resolvería en primera vuelta y la segunda ronda sería mucho más competitiva de lo que se había proyectado.
Para mí, este es uno de los principales elementos que debemos observar: cuando una elección se comporta de manera significativamente distinta a lo que anticipaban las mediciones, no basta con mirar quién obtuvo más votos; hay que entender qué fuerzas sociales y políticas produjeron ese resultado.
Y Brasil está mostrando señales que, al parecer, se acercan a los acontecimientos recientes de otras elecciones en la región.
El verdadero terremoto está en el Congreso
Si el resultado presidencial generó sorpresa, el comportamiento del electorado en las elecciones legislativas merece una atención todavía mayor.
El bolsonarismo logró un respaldo considerable en el Senado y en la Cámara de Diputados, además de avanzar en distintos gobiernos estaduales.
Esto cambia completamente las perspectivas para el próximo período presidencial.
Incluso si Lula consiguiera finalmente la reelección, tendría delante un Congreso mucho más inclinado hacia la derecha. Y eso significa que cualquier eventual gobierno de centroizquierda tendría que negociar permanentemente para poder implementar su programa.
En política, ganar la Presidencia no significa necesariamente tener el poder suficiente para gobernar.
El Congreso puede convertirse en un muro para el oficialismo.
La composición legislativa que surge de esta elección revela que no estamos simplemente ante una competencia entre dos candidatos. Estamos frente a una modificación más profunda de las relaciones de fuerza dentro de la sociedad brasileña.
Lula enfrenta ahora un problema fundamental: movilizar a los suyos
Desde mi perspectiva, uno de los factores decisivos de la segunda vuelta será la capacidad de cada candidatura para movilizar a sus electores.
La abstención adquiere aquí una importancia enorme.
El Partido de los Trabajadores necesita recuperar a sectores que en elecciones anteriores acompañaron a Lula y que esta vez no acudieron a las urnas o no lo hicieron con la misma intensidad.
En una elección tan cerrada, cada punto porcentual puede resultar determinante.
Por eso, más que conquistar nuevos electores, Lula enfrenta el desafío de reactivar a los propios, muchos de ellos personas que salieron de la pobreza durante los gobiernos del PT.
La pregunta que debemos hacernos es sencilla, pero decisiva: ¿podrá el oficialismo convertir su estructura política, territorial y organizativa en una movilización masiva durante las próximas semanas?
La respuesta determinará buena parte del resultado del 25 de octubre.
Bolsonaro sorprendió y la derecha demostró que quiere avanzar
Más allá de simpatías o diferencias ideológicas, desde el punto de vista estrictamente electoral hay que reconocer algo: la derecha brasileña demostró que conserva una fuerza política significativa.
El resultado legislativo es la evidencia más contundente.
No se trata solamente de un fenómeno coyuntural vinculado a una candidatura presidencial. Existe una estructura política capaz de disputar espacios en el Congreso, en los estados y en distintos sectores de la sociedad.
Esto obliga a analizar el fenómeno con mayor profundidad.
Durante mucho tiempo se interpretó el escenario brasileño principalmente desde la polarización Lula-Bolsonaro. Sin embargo, los resultados legislativos muestran que existe un proceso de consolidación de fuerzas políticas de derecha que puede tener vida propia más allá de una determinada elección presidencial.
Por eso considero que sería un error reducir lo ocurrido a una simple sorpresa electoral.
Brasil está experimentando una reconfiguración de su sistema político.
Lo que vi en las calles de Río de Janeiro
Mi perspectiva también está marcada por algo que considero fundamental: haber podido observar el proceso directamente.
Durante mi permanencia en Río de Janeiro recorrí centros de votación y diferentes sectores de la ciudad, incluyendo zonas turísticas y comunidades vulnerables, conocidas popularmente como favelas.
Lo que más me llamó la atención fue la intensidad con la que la política se expresa en la vida cotidiana.
Personas utilizando adhesivos, insignias y símbolos partidarios; ciudadanos conversando abiertamente sobre sus preferencias; grupos familiares y amigos siguiendo atentamente los resultados. También me llamó poderosamente la atención la ausencia de representantes de los partidos y de los candidatos en las mesas de votación.
La política se vive de manera diferente en cada región.
El carioca no necesariamente observa la política de la misma manera que el paulista o el nordestino. Brasil es demasiado grande y diverso para analizarlo como una sociedad homogénea.
Las diferencias económicas, sociales, culturales y educativas también se reflejan en la manera en que los ciudadanos interpretan el proceso electoral.
Pero hubo algo común que pude percibir: un fuerte compromiso ciudadano con la elección, una participación activa, festiva y marcada por el empoderamiento partidario y de las candidaturas, aunque la abstención sigue siendo considerable.
Como observador internacional, esa experiencia de estar físicamente en los centros de votación permite comprender dimensiones que difícilmente pueden captarse únicamente a través de encuestas, redes sociales o transmisiones televisivas.
Un giro que trasciende las fronteras brasileñas
Lo ocurrido en Brasil tampoco puede analizarse de manera aislada.
América Latina atraviesa un proceso de transformación política en el que las fuerzas de derecha y, en algunos casos, de ultraderecha, han venido ganando espacios.
El electorado latinoamericano está mostrando una creciente disposición a cambiar de orientación política cuando considera que los gobiernos no están respondiendo adecuadamente a sus expectativas económicas, sociales y de seguridad.
Brasil, por su tamaño, su población y su peso económico y geopolítico, tiene una importancia especial.
Lo que suceda aquí tendrá inevitablemente repercusiones en el resto del continente.
Por eso considero que esta elección debe ser observada no solamente como una disputa entre Lula y Bolsonaro, sino como parte de una transformación política más amplia que atraviesa América Latina.
La segunda vuelta será otra elección
Una de las primeras lecciones que deja este proceso es que una segunda vuelta no debe interpretarse simplemente como la continuación de la primera.
Es, en realidad, una nueva elección.
Los candidatos tienen que ampliar sus alianzas, modificar sus discursos, conquistar a los electores de las candidaturas que quedaron fuera y, sobre todo, movilizar a quienes decidieron no votar.
En el caso de Lula, el desafío es todavía mayor porque tendrá que enfrentar una correlación de fuerzas legislativas que le resulta desfavorable y una derecha que ha demostrado una capacidad de movilización superior a la esperada.
El oficialismo tendrá que trabajar intensamente para evitar que la abstención se convierta en su principal adversario.
Volveré a Brasil
Todo indica que regresaré a Brasil para acompañar la segunda vuelta del proceso electoral.
La observación internacional implica mucho más que asistir el día de la votación.
Significa comenzar las jornadas antes del amanecer, trasladarse entre distintos centros de votación, observar el comportamiento de los electores, seguir los cierres de campaña, analizar los discursos, conversar con actores políticos y ciudadanos y, finalmente, contrastar lo que se observa en el terreno con las tendencias que muestran los números.
Es un trabajo exigente.
En las últimas semanas he pasado de un proceso electoral a otro, siguiendo de cerca acontecimientos políticos internacionales. Los vuelos son largos, las jornadas intensas y muchas veces hay poco tiempo para descansar.
Pero también hay una razón por la que quienes nos dedicamos a la consultoría y al análisis político asumimos estos desafíos:
nos apasiona comprender la política de cerca.
Porque la política no está solamente en los discursos de los candidatos ni en los resultados publicados por las autoridades electorales.
Está en las calles.
Está en las conversaciones.
Está en los silencios.
Está en quienes deciden votar y también en quienes deciden no hacerlo.
Y, sobre todo, está en esos momentos en los que una sociedad cambia de dirección sin que las encuestas hayan logrado anticiparlo completamente.
Brasil acaba de dar una sorpresa.
La primera vuelta dejó una advertencia clara: Lula ya no puede asumir que su reelección está encaminada.
La derecha demostró fuerza, organización y capacidad de movilización. El Congreso giró significativamente hacia ese espacio político y la segunda vuelta será una batalla mucho más compleja de lo que muchos imaginaban.
Ahora comienza otra elección.
Y, desde mi perspectiva, el 25 de octubre no solamente estará en juego quién gobernará Brasil durante los próximos años.
También estará en juego hacia dónde quiere caminar una de las democracias más importantes de América Latina.




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